Os voy a contar una historia que ocurrió hace poco. En una carrera de atletismo, las gradas estaban llenas de gente. De repente, avisaron al entrenador de que uno de los participantes se había escondido. Fue a buscarlo y lo encontró en el baño.
—¿Qué te pasa? —le preguntó.
—Entrenador, tengo mucho miedo. No me gusta competir. Los nervios me paralizan —respondió el niño.
El entrenador se agachó para mirarle a los ojos y, con calma, le dijo:
—El reto que tienes ahora no es competir contra los demás, sino contra ti mismo. ¿Lo entiendes? Puedes quedarte aquí escondido y llorar, o puedes levantar la cabeza, abrir la puerta y enfrentarte a tus miedos. Si es así, serás un ganador si lo intentas. Sal ahí fuera y haz lo mejor que puedas. Aunque no ganes la carrera, serás un campeón de ti mismo. Y eso es lo que realmente importa.
El niño lo entendió. Salió a la pista. Cuando dieron la salida, corrió con todas sus fuerzas. No ganó la carrera, pero quedó de los primeros y le aplaudieron y le felicitaron. Estaba rojo por el esfuerzo, pero tenía una sonrisa enorme.
En un examen o en cualquier reto, lo más valioso no es ganar una medalla ni recibir aplausos, sino aprender, crecer y hacerse más fuerte por dentro. El deporte puede enseñarnos mucho si lo practicamos con constancia, nos cuidamos, descansamos bien y nos esforzamos cada día. En el deporte, a veces se gana y otras se pierde, pero siempre se aprende. Practicad deporte y os convertiréis en mejores personas.