En la clase de quinto Lucas siempre terminaba el primero, levantaba la mano antes que nadie y le encantaba que la profesora dijera: —¡Muy bien, Lucas!
También estaba Marta, que dibujaba increíble y todos admiraban sus trabajos.
Y Diego, que era el mejor en deportes y siempre ganaba en los partidos del recreo.
Pero luego estaban otros alumnos como Sara, que cuando alguien no entendía algo, se inclinaba en silencio y le explicaba despacio.
O Álvaro, que en el recreo buscaba a quien estaba solo y le preguntaba:
—¿Quieres jugar con nosotros?
Y Nora, que cuando alguien se equivocaba, susurraba: —No pasa nada, a mí también me cuesta.
Un día, la profesora anunció:
—Mañana haréis un trabajo muy importante en grupo. No contaré solo el resultado… también cómo trabajáis juntos.
Al día siguiente, algo cambió.
Lucas quería hacerlo todo rápido y bien, pero nadie le seguía el ritmo.
Marta se enfadó porque los demás no dibujaban como ella.
Y Diego se cansó porque el grupo discutía todo el tiempo.
Mientras tanto, en otro grupo…
Sara explicaba con paciencia, Álvaro repartía turnos, y Nora animaba cuando
algo no salía.
No eran los más rápidos. No eran los mejores en nada concreto. Pero su grupo…
funcionaba.
ACTIVIDAD
OPCIÓN 1: El mural del buen compañero”
Escribe un mural, con las características de un buen compañero.
🟢 “Un buen compañero/a…”
OPCIÓN 2
¿Cómo piensas que acaba la historia? Escribe un buen
final.
Escribe una frase que resuma las enseñanzas o valores
que aprendemos con esta historia.
Te doy un ejemplo: Hay personas que brillan mucho… y personas que hacen que los demás brillen. Y que, aunque no siempre se note, las segundas son las que de verdad hacen que todo funcione.
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